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Leyenda

mayo 30, 2016

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Hace tiempo que quería dedicarte algo, pero no encontraba ocasión. En este día tan especial para vos, encontré la oportunidad de devolverte tan solo un poco de todo lo que nos has dado.

De chico escuchaba tu nombre. En cada instancia eras mencionado. Me producía algo, como  si todo mi cuerpo se erizara. No te conocía, no sabía quién eras, pero todos hablaban de ti.  Apenas estaba dando mis primeros pasos en el Parque Rodó como para entender que de un ídolo se comentaba.

Que contigo no sabíamos lo que era perder, que tu serenidad le daría al equipo lo que le faltaba, que en cada acción que realizabas había alegría, que con tus goles ganábamos campeonatos, que con tus bailes nos hacíamos familia. Escuchaba eso y tantas otras cosas más que me hacían preguntar si todo eso era real. Ansiaba el momento de verte, ansiaba conocerte por sobre todas las cosas.

Un día volviste a tu casa. La emoción de quienes me rodeaban me contagió y sentí que había sido uno de lo días más importantes de mi vida. A las semanas te vi jugar por primera vez, y a partir de allí comencé a entender todo eso que estaba sucediendo en mí.

Tirabas desde lejos, desde cerca, pases para los costados y para adelante. Marcabas y corrías como un gurí, tenias la entrega de un gladiador pero el pincel de un artista. No podía creer lo que estaba viendo. Dabas indicaciones, administrabas los tiempos y bajabas los ánimos cada vez que eran exagerados. El juego acompañaba tu personalidad; te preocupabas por cada jugador que quedaba tendido en el piso, sin importar si era un colega o un compañero.

Ese partido no te tocó anotar, pero sí los siguientes. Recuerdo tu primer festejo; de un lado para el otro, brincando de alegría, marcando el ritmo del momento. En esa primera ocasión, me limité a tan solo a entrecruzar mis dedos sobre mi cabeza y disfrutarte. Disfrutarte festejar, disfrutar de ver cómo todos festejaban con vos, de ver como en tan solo algunos segundos habías contagiado algo que se llamaba pasión.

Ese día llegue a mi casa y comencé a interesarme aún más por ti. Pedí que me cuenten de tus hazañas, busqué información de tus aventuras y soñé con que algún día podría ser como vos.

Quería tener tu templanza, tu coraje y espíritu de líder. Sentir que todos me apreciaban, que era parte de una familia tan grande que no tenía padre más que hermanos. Ser vos al respirar, jugar, hablar y hasta al caminar, pero un día lo entendí.

Eres único, y eso te hace ser lo que eres para todos nosotros. Cada vez que te oímos hablar sentimos que alguien lo está haciendo por nosotros. Defendés al club como quien defiende su vida, entendés que más allá de la popularidad existe el coraje y el esfuerzo que tanto nos identifica.

Si creemos en tu palabra es porque te has ganado nuestra confianza, si te idolatramos es porque tu humildad es capaz de soportarlo, si queremos que salgas campeón, es porque queremos festejarlo contigo.

El año pasado, luego de haber quedado fuera de la Libertadores (vs Vélez 2012) te tocó hablar para la prensa tras ser el mejor en la cancha. Mis lágrimas se hicieron presentes, no por la eliminación, sino por tus palabras.

“Tengo la suerte de estar en un gran equipo como es Defensor, uno de los grandes de Uruguay, más allá de lo que se puede decir y hablar. Es indudable que Defensor representa bien al fútbol uruguayo. La emoción me lleva decir simplemente gracias a la gente y sobre todo a mis compañeros por la entrega dentro de la cancha”.

No te equivoques Nico, nosotros somos quienes te tenemos que agradecer.

Felicidades, quien te alienta desde el corazón.

Por Juan Schmidt @juanchoschmidt

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