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Era humano

junio 28, 2016

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Messi es humano, ¿vieron? Misterio develado. ¿O sus condiciones galácticas dentro del campo les hicieron creer que el muchacho no percibía lo que sucedía fuera de ella? El 10 se cansó de que lo cansen. Tras perder su cuarta final con el seleccionado argentino, el mejor de todos dijo basta. Así, el “amargo” se transformó en “no te vayas” y el odio no pudo ser vomitado totalmente por los que aguardan misteriosamente el fracaso de los mejores. A los propios, ya están acostumbrados. El zurdo dio el portazo, y los críticos se llenaron de dudas.

Argentina hartó al más tranquilo. Al distinto, al crack. Argentina, como en 2007, 2014 y 2015, volvió a perder el partido por la copa el pasado domingo. Y con “La Pulga” en cancha. Aun en un gran nivel, el capitán albiceleste no pudo cambiar la pisada con su país y volvió a quedar debajo del campeón. Él solo, eh. Nadie más. Porque él juega solo. Porque estamos hablando de tenis, no de fútbol. ¿Cómo que tiene diez compañeros?

Y porque el fútbol, cuando quiere, se abraza a la injusticia. La merece, claro que la merece. Messi volvió a cargar con los suyos hasta una final, y los suyos volvieron a dejarlo solo en la instancia más importante. Esperando su milagro. Mirándolo de lejos, sin intervenir demasiado. Ya no tendrán que hacerlo. Quizá tampoco lleguen a esa instancia. El genio, siempre, precisa su socio. ¿O acaso Maradona no lo tuvo? Pregúntenle a Schumacher.

El diez se saca el buzo albiceleste y asegura que su ciclo está cerrado. Alarma a los disconformes ¿A quién criticamos ahora? A él, pero por haberse ido. ¡Ja! Por abandonar un barco que jamás lo aceptó, aun siendo por destrozo el mejor futbolista de este siglo. Que lo chifló –sí, lo chiflaron- y lo crucificó por no cantar el himno a los cuatro vientos. ¿El himno? No hablaremos de AFA, el diez ya se encargó de decir lo suyo aun antes de conocer su propio desenlace.

Messi puso el freno. “No es para mi”. ¿Para qué salir airoso en un encuentro con cinco rivales? ¿Para qué caer al pasto, reponerse, y encontrar la luz donde ninguno de los suyos podría jamás descubrirla? ¿Para qué ser el mejor? ¿Para qué enseñarles a ellos, con su zurda, lo que es el fútbol? Aquellos ya no aprenden, sus propias frustraciones les ganaron hace rato. Y Messi ya no quiere cargarlas al hombro.

Ahí está el crack, el “pecho frío”, echando lágrimas por un país que se acaba de dar cuenta lo que tenía. Demasiado tarde. Messi, el problema no sos vos. El problema lo tienen ellos. Con los cortos, usted, será siempre solución. Acá, en Barcelona o en la luna. Perdonalos, enano. Y seguí gambeteando.

Por: Mathias Gonnet @MGONNET10

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