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Derrotas que marcan

febrero 15, 2015

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Las amargas experiencias de los clubes uruguayos a nivel internacional se repiten desde hace 27 años, en los que apenas se pueden destacar tres participaciones decorosas. El resto, fueron todas presentaciones decepcionantes que encuentran explicaciones y razonamientos más decepcionantes aún, a la hora de estudiar los continuos fracasos.

Mientras algunas derrotas pueden ser más fácilmente digeridas y disimuladas, sea por el poderío del rival de turno o por las razones deportivas que no encuentran más razones que las propiamente deportivas, otras tantas eliminaciones, como la de Nacional a manos de Palestino, deberían motivar a un análisis mucho más profundo y no tan superficial de los porqué.

Pocos periodistas repararon en los factores realmente trascendentales y en todas las conclusiones que se pueden extraer de los 180 minutos de serie. Prefirieron (o quizá fue que no encontraron otros argumentos en sus miserables y limitados libretos que parecen expedirse junto con el título otorgado por una universidad privada, o en caso de tener suerte, por una pública) recaer en la estéril reflexión; “Ellos ya están en rodaje, y nosotros aún no hemos comenzado el campeonato. La falta de fútbol se siente”. Si señor, usted lo dijo. Sin quererlo, envolvió una verdad absoluta en una frase absolutamente impostora; “la falta de fútbol se siente”.

Sucede que la falta de fútbol, en nuestro fútbol, es permanente. Ni siquiera ustedes, generalmente fieles a los “datos inobjetables”, advirtieron que fracasos deportivos igualmente significativos también se dieron lugar cuando las pretemporadas ya habían quedado suficientemente atrás en el tiempo, o cuando el oponente acumulaba una escasez competitiva similar.

Entonces, si vamos a hablar de la falta de fútbol, hablemos de la verdadera falta de fútbol, esa que tan en evidencia dejó un modesto equipo como Palestino; un equipo que convirtió sus limitados recursos, en recursos sumamente nobles, mucho más nobles de aquellos a los que apuestan Nacional o Peñarol, siendo infinitamente superiores en cualquier aspecto que se nos ocurra comparar. Excepto en uno; la convicción. Quizá el más importante de todos.

Los reproches del relator del partido (uruguayo, por supuesto): “cuánto arriesga este equipo”, “Palestino deambula por la cornisa cada vez que sale jugando”, “sus hinchas deben vivir continuamente con el corazón en la mano”, no son más que señales e indicios del clamor en el que se van formando los jugadores y equipos en nuestro país; ese bullicio que proclama “ganar como sea”. Esa es nuestra convicción, si es que así se la puede catalogar, y que mal nos hace…

Es que no existe ni existirá equipo que se prepare durante toda la semana y entre a la cancha en cada partido sin la convicción de ganar. Sin embargo, la gran diferencia reside en estar convencido de cómo ganar, o no estarlo. Acusan de esteticista y romántico al que enérgicamente defiende su estilo en cualquier contexto y ante cualquier circunstancia, siendo que no hay forma más astuta de acercarse a la gloria.

No subestimo el relieve de la figura del periodista sino porque el periodista se subestime a sí mismo.

Los artículos y opiniones vertidas en estas páginas son responsabilidad exclusiva de quien las firma.

Foto: www.emol.com

Por Rodrigo Zacheo

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